Instrucciones para subir una escalera.Un texto de Cortazar que nos puede ayudar a seguir pensando sobre nuestra tarea pedagógica


 Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se  coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta  que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un  peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se sitúa un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá  más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso. 


Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan  particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen  de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y
 regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del  cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que  salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño
 dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la  izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes  citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el  segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará  el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la  coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil  la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el  pie).
Llegando en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella  fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá  hasta el momento del descenso.
 


Cuando volví a leer este texto muchísimos años después de aquella época de descubrimiento de Cortázar, empecé a encontrar otras cosas que la primera vez, sin la experiencia docente de por medio, no había percibido. Su lectura me remitió algunas propuestas metodológicas que andan circulando por ahí  con, en mi opinión, una excesiva cantidad de palabras,  decenas, cientos de palabras para explicar algo simple....¿simple? Y acá va entonces una primera justificación y posterior crítica  al uso de una prosa posiblemente innecesaria, todo depende desde qué perspectiva nos paremos.
En cada momento del día, desarrollamos tareas muy simples que conforman un encadenamiento de acciones de las que no somos conscientes, (como subir una escalera), pasa lo mismo con cualquier actividad relacionada con el quehacer musical: tocar un instrumento demanda de  un intercambio de ida y vuelta constante entre las órdenes que manda el cerebro y la respuesta motriz, es decir una actividad neuromotriz intensa, mayor aún si a esta actividad le agregamos por ejemplo la lectura, o la necesidad de ajustar con otros si hacemos música en conjunto; importante intercambio neuromotriz también se da cuando sacamos música de oído, cuando cantamos, bailamos, etc. Todos estos temas se encuentran entre los preferidos de los colegas que  investigan sobre las Neurociencias y su relación con la Educación Musical.
Ahora, el punto que quiero plantear aquí es el siguiente ¿qué utilización hacemos los docentes, dentro del aula con esos conocimientos que nos develan los neurocientistas?...

Una anécdota y posiblemente una de las primeras clases de pedagogía musical que recibí : Hace muchos años, cuando era estudiante en el conservatorio (en ese momento bastante más conservador que ahora, el folklore no había entrado a la institución ni siquiera como Taller) estaba intentando sacarle sonido a una quena bastante infructuosamente y recibí explicaciones del tipo "fijate que el aire tiene que entrar por la mitad del tubo, así sale por la otra mitad, entonces tenés que poner el labio inferior de esta manera, etc, etc, etc" conclusión: sentí que no había nacido para los instrumentos autóctonos.....Pocos días después vi como un nene de una escuela donde trabajaba, tocaba una quena con total destreza... le pregunté como hacía para que le saliera ese sonido y me contestó: "muy fácil seño, soplá como a un capuchón de lapicera"...simple, a partir de ahí le encontré la vuelta. 


No reniego del conocimiento, simplemente propongo que a veces nos falta la ductilidad para integrar ese conocimiento adquirido con la consigna necesaria para cada momento y para cada persona, y de eso se trata, la exclusividad en cada caso, en tal sentido es que desconfío de un método que proponga hasta el más mínimo detalle desde el comienzo hasta el final de la clase (aunque reconozco que algunos de estos métodos tienen un anclaje en un importante corpus investigativo).


Tratando de sintetizar  esto que es apenas un primer acercamiento al tema, proponía al principio una justificación y posterior crítica  al abordaje científico y pormenorizado para cada acto de enseñanza. Hoy por hoy creo que es necesario encontrar ese punto de "intersección", es decir:  el conocimiento detallado, pormenorizado, sobre el cómo se construye cada aprendizaje sí, toda esa cantidad de palabras: sí, pero para nosotros para los docentes para llegar a la conclusión que muchas veces va a bastar simplemente con decir: "soplá como a un capuchón" o "subí "...