Hoy hace diez años

Hoy hace diez años de ese horror.......de esas dos vidas interrumpidas brutalmente....hoy hace diez años de esa enorme muestra de amor, de amor en su sentido más grande, de amor por un amigo que yacía en el suelo..de ponerle el pecho a las balas para salvarlo...de amor por los otros...porque muchos otros tuvieran una vida más digna...
Unos días después de ese espanto hubo una marcha para repudiar el hecho....sabía que iban a pasar cerca de mi casa, así que puse a mi bebé de año y meses en su cochecito y marché unas pocas cuadras con los compañeros piqueteros...fue su primera marcha...¡qué cosa!...qué distinto....hoy sigo yendo a marchas con mi hijo...pero por lo general no son marchas....son  fiestas populares.
En estos días es necesario tener la memoria bien fresca....


Lo que va a pasar hoy pasó hace tanto 

me desperté diciendo esta mañana, 
no vi las predicciones del espanto 
que le arrancaba al sueño mi palabra. 
En este invierno que pega tan duro 
está lejos tu boca que me ama 
y se me desdibuja en el futuro, 
y junio me arde rojo aquí en la espalda. 
En este invierno atroz no hay escenario 
más duro que esta calle de llovizna; 
cada uno sigue en ella su calvario 
pero la cruz de todos es la misma. 
Salí con las razones de la fiebre 
y una tristeza absurda como el hambre, 
y cuando en el corazón la sangre hierve 
es de esperar que se derrame sangre. 
Me llamo con el nombre que me dieron, 
el que tomó la crónica del día; 
soy uno de los dos que ya partieron, 
los dos en un montón que resistían. 
Hermano en la delgada línea roja 
que te me fuiste dos minutos antes 
con la indiscreta muerte que en tu boca 
entraba en cada casa con tu imagen. 
Yo estaba junto a vos sobre tu grito 
besándote feroz la indigna muerte 
mientras te ibas volando al infinito 
fulgor de la mañana indiferente... 
Yo sé que el corazón que está latiendo 
en cada uno es una senda pedregosa, 
cuando en el suelo sucio me estoy yendo, 
ajeno y solo de todas las cosas. 
Si yo salí por mí y salí por todos 
cómo es que ahora no hay nadie aquí a mi lado 
que me retenga la luz en los ojos, 
que contenga este río colorado. 
El corazón del hombre es una senda 
más áspera que la piedra desnuda; 
mi extenso corazón es una ofrenda 
que pierde sangre en esta calle cruda. 
Yo tengo un nombre rojo de piquete 
y un apellido muerto de veinte años, 
y encima las miradas insolentes 
de los perros oscuros del cadalso. 
Yo no llevaba un arma entre las manos 
sino en el franco pecho dolorido, 
y el pecho es lo que me vieron armado 
y en el corazón todos los peligros. 
La mano que me mata no me llega 
ni al límite más bajo de mi hombría 
aunque me arrastren rojo en las veredas 
con una flor abierta a sangre fría. 
Hoy necesito un canto piquetero 
que me devuelva la voz silenciada, 
que me abra por la noche algún sendero 
pa' que vuelva mi vida enamorada...

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